FARMACIA PERSONAL
FARMACIA PERSONAL
El día fue muy largo, la elegante abogada Juana Beltrán Ugarte, había pasado todo el día discutiendo, revisando papeles, demandas, oficios, contratos, poderes, peticiones, informes jurídicos, actas, sentencias, recursos, etc. Pero hoy tenia su cita semanal especial. Los viernes a las 19:30, dejaba todo atrás, el nombre, la elegancia, la alta sociedad y se transformaba en sólo Juana. Llegaba a su “farmacia especial”, donde encontraba los mejores preparados y brebajes para reconfortar el cuerpo y el espíritu. Cuando llegó tuvo el privilegio de elegir donde sentarse, era de los primeros pacientes en llegar.
La luz era amarillenta y débil, todavía tenían los antiguos focos de filamento. Por las pequeñas ventanas circulares de las puertas vaivén del laboratorio salía vapor y gran variedad de aromas. Juana tomó una profunda inspiración, llenándose los pulmones con esos vapores que, como un bálsamo, le recorrían el cuerpo. La música suave pero animada, un jazz chillout, o algo así, el trío que estaba allí todos los viernes como parte del decorado, un saxo, teclado y un bajo.
Eligió una pequeña mesa redonda, cerca de la ventana, con dos silloncitos de respaldo alto que le daban cierta intimidad. En la mesa ya estaba el vademécum, mejor dicho, el menú. Eligió la receta de siempre: tabla de suaves quesos liberadores de tensiones, pan recién horneado para acariciar el alma, alcachofas de corazón blando y cremoso para las contracturas, todo coloreado con centelleantes cerezas al marrasquino. Por supuesto que no podía faltar el suero, una copa del mejor Malbec.
Es el tratamiento semanal de Juana, una cita con ella misma, para conversar de todo y de nada, en este bodegón que es su farmacia personal, su spa.
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